“La educación es
esencial para construir la paz en la mente de las personas”, afirma la
UNESCO al definir su misión al ser creada en 1942 en un contexto en el que final
de la Segunda Guerra Mundial se veía lejos y los países miembros de este
organismo intentaban tomar medidas que evitaran conflictos bélicos
posteriores; a casi sesenta años de
terminada la guerra, la urgencia de construir la paz continúa vigente en los nuevos
escenarios en que se desarrolla el ser humano.
Los educadores han de volver la mirada a los distintos
entornos de la vida de la persona, dejarse cuestionar por la realidad que de
ellos emerge y ser creativos para transformar su práctica educativa de tal
forma que esta responda a los desafíos que, actualmente conlleva el
comprometerse en la formación de la persona. De aquí deriva que considere:
a) La persona como ser individual con características
físicas, psicológicas y espirituales únicas, como ser inacabado, libre e
inteligente que es capaz de construirse y humanizarse plenamente, en un proceso
que se realiza a lo largo de toda la vida.
b) La familia primer microentorno donde la
persona aprende a hacer, a ser, a conocer y a convivir. En la vida familiar y
del ejemplo de los padres se inicia el proceso de internalización de los
valores y la cultura, se ejercitan los límites y se aprende a asumir el
conflicto que representa la incertidumbre de los cambios personales o sociales.
c) La escuela cuya misión es conducir a que sus estudiantes tengan las
condiciones necesarias para aprender a conocer,
ser, convivir y hacer, con equidad y calidad, con pertinencia
y relevancia; es decir, respondiendo a los desafíos sociales que representa el
contexto histórico en el que se insertan los individuos y las instituciones.
d) Finalmente, La comunidad social y sus características
complejas consecuencia de los acelerados cambios que sufre con los avances
de la ciencia y la tecnología y la inestabilidad de los patrones de convivencia
que han de adecuarse continuamente a nuevas circunstancias.
De lo anterior dimana que la
educación, como instrumento de transformación de los diferentes niveles de las
estructuras sociales, deba hacer suyo el principio de incertidumbre
característico de la acelerada evolución de los escenarios antes descritos y el
cual se convierte en trayecto inminente a transitar si pretende construir los
cimientos sólidos, “núcleos de certeza”
como los denomina Edgar Morin, sobre los que se construyan nuevos esquemas de
convivencia en la paz.
Considerando lo anterior se
concluye que la educación ha de extender su mirada más allá de los límites de
la educación formal y establecer nuevas líneas de acción que influyan los
diferentes escenarios donde se desarrolla la vida del ser humano. Es probable
que las manifestaciones de violencia que caracterizan, en gran medida, a varias
sociedades actuales sean el síntoma de la deficiencia de los sistemas
educativos de las mismas.
Es verdad que los sistemas
educativos de las naciones se ven rebasados por los desafíos de la sociedad
actual y están llamados a escudriñar respuestas a estos, también es cierto que
las Instituciones educativas han de buscar estrategias que les permitan afrontar esos retos y ello implica,
primordialmente, que rompan las fronteras de sus muros y extiendan su labor
formativa a los miembros de los diferentes escenarios en que se desarrolla la
vida de sus estudiantes; es posible que este sea un paso firme en la
construcción de la paz y aunque no represente la solución definitiva es el
principio de la construcción de núcleos de certeza que generen una convivencia
más pacífica.
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