sábado, 8 de febrero de 2014

Educar para la paz: desafío de la sociedad actual.



“La educación es esencial para construir la paz en la mente de las personas”, afirma la UNESCO al definir su misión al ser creada en 1942 en un contexto en el que final de la Segunda Guerra Mundial se veía lejos y los países miembros de este organismo intentaban tomar medidas que evitaran conflictos bélicos posteriores;  a casi sesenta años de terminada la guerra, la urgencia de construir la paz continúa vigente en los nuevos escenarios en que se desarrolla el ser humano.

Los educadores han de volver la mirada a los distintos entornos de la vida de la persona, dejarse cuestionar por la realidad que de ellos emerge y ser creativos para transformar su práctica educativa de tal forma que esta responda a los desafíos que, actualmente conlleva el comprometerse en la formación de la persona. De aquí deriva que considere:

a)     La persona  como ser individual con características físicas, psicológicas y espirituales únicas, como ser inacabado, libre e inteligente que es capaz de construirse y humanizarse plenamente, en un proceso que se realiza a lo largo de toda la vida.

b)     La familia primer microentorno donde la persona aprende a hacer, a ser, a conocer y a convivir. En la vida familiar y del ejemplo de los padres se inicia el proceso de internalización de los valores y la cultura, se ejercitan los límites y se aprende a asumir el conflicto que representa la incertidumbre de los cambios personales o sociales.

c)     La escuela cuya misión  es conducir a que sus estudiantes tengan las condiciones necesarias para aprender a conocer,  ser,  convivir y  hacer, con equidad y calidad, con pertinencia y relevancia; es decir, respondiendo a los desafíos sociales que representa el contexto histórico en el que se insertan los individuos y las instituciones.

d)     Finalmente, La comunidad social y sus características complejas consecuencia de los acelerados cambios que sufre con los avances de la ciencia y la tecnología y la inestabilidad de los patrones de convivencia que han de adecuarse continuamente a nuevas circunstancias.

De lo anterior dimana que la educación, como instrumento de transformación de los diferentes niveles de las estructuras sociales, deba hacer suyo el principio de incertidumbre característico de la acelerada evolución de los escenarios antes descritos y el cual se convierte en trayecto inminente a transitar si pretende construir los cimientos  sólidos, “núcleos de certeza” como los denomina Edgar Morin, sobre los que se construyan nuevos esquemas de convivencia en la paz.

Considerando lo anterior se concluye que la educación ha de extender su mirada más allá de los límites de la educación formal y establecer nuevas líneas de acción que influyan los diferentes escenarios donde se desarrolla la vida del ser humano. Es probable que las manifestaciones de violencia que caracterizan, en gran medida, a varias sociedades actuales sean el síntoma de la deficiencia de los sistemas educativos de las mismas.

Es verdad que los sistemas educativos de las naciones se ven rebasados por los desafíos de la sociedad actual y están llamados a escudriñar respuestas a estos, también es cierto que las Instituciones educativas han de buscar estrategias que les permitan  afrontar esos retos y ello implica, primordialmente, que rompan las fronteras de sus muros y extiendan su labor formativa a los miembros de los diferentes escenarios en que se desarrolla la vida de sus estudiantes; es posible que este sea un paso firme en la construcción de la paz y aunque no represente la solución definitiva es el principio de la construcción de núcleos de certeza que generen una convivencia más pacífica.

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