Retos del Educador del siglo XXI
“No se puede estar en contra de la globalización como no se puede estar en contra de un eclipse de sol. El problema, y ahí reside la verdadera razón de ser del movimiento, no consiste en cómo deshacer la unificación del planeta, sino en cómo controlar y domar los hasta ahora salvajes procesos de globalización. En cómo hacer que, en lugar de constituir una amenaza, se convierta en oportunidad de mostrarse humanitarios”. Afirma Zygmunt Bauman en su libro
Identidad
El
proceso de globalización ha tocado en lo más profundo a la sociedad al impactar
la familia, célula social, cimentada en el matrimonio, que constituía el
núcleo de referencia donde la persona realizaba la tarea de construir y afianzar
su identidad y de capacitarse para la convivencia.
Desde
mediados del siglo XX hombres y mujeres dejaron de tener roles definidos dentro
del hogar y, de un paradigma donde él trabajaba para sostener la familia y ella
se dedicaba con esmero a la crianza de los hijos, se emigro a otro en que se
pretende la equidad e igualdad de oportunidades entre ambos, a partir de ahí
los padres laborarán por una remuneración, dejando los hijos al cuidado de
terceros. Sin embargo, el cambio más vertiginoso se producirá en los últimos
veinte años, consecuencia de los avances de la tecnología y las comunicaciones que
ha producido una cultura sin fronteras, trayendo consigo que los valores y las
estructuras sociales tomen un valor incierto e inestable.
Como
consecuencia de lo anterior las sociedades tienen que aceptar o tolerar los nuevos
modelos de familia que coexisten en ella: Matrimonios en unión libre que
procrean hijos, hijos fuera de matrimonio, matrimonios que deciden separarse y “compartir”
la responsabilidad de los hijos, matrimonios homosexuales que pelean por el
derecho a adoptar un hijo y abuelos que educan a los nietos. Esta
transformación de los paradigmas familiares de referencia, trae consigo una mayor dificultad para que la
persona construya su identidad y aprenda a convivir y, representa para los
educadores uno de los principales desafíos para su labor formativa.
Es
evidente, como afirma Bauman, que no se puede estar en contra de este proceso,
y es preciso convertirlo en una oportunidad de mostrarnos más humanos, en una
aldea que tiende a ser cada vez más global, por ello, para los educadores es
urgente:
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Impulsar
a sus educandos a adquirir, en alianza con la tecnología, una identidad que
coexista y conviva en la realidad actual, afianzando las propias convicciones y
participando críticamente en la toma de decisiones: Formar en el uso crítico de
las Tecnologías de la Comunicación e
Información.
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Profundizar
en los valores esenciales del ser humano y crear entornos donde se internalicen
a partir de su práctica cotidiana: Educar a la familia para que su estructura,
cualquiera que sea, se vuelva funcional en este sentido y, acompañar la
formación de grupos de pares que conviven en la escuela.
ü
Ejercitar
en la familia y grupos de pares relaciones humanas cara a cara: Concientizar
sobre el antagonismo de que los dispositivos de comunicación y las redes sociales
pretendían acercar a las personas y acortar distancias y lo que han producido
es un inminente atrofio en la capacidad del ser humano de dialogar, escuchar y
expresar sus emociones.
Es
evidente que el educador que pretenda capacitar a sus discípulos para saber
convivir en la sociedad globalizada, objeto de constantes cambios e
incertidumbres, ha de volver la mirada al potencial formativo que representa la
familia, sea cual sea su estructura, y trabajar
por convertirla en una célula funcional ya que ello significará encontrar un
núcleo de certeza que acompañe el desarrollo integral de sus miembros y
contribuya al logro de los fines de la educación formal.
Es necesario que los educadores acepten esta realidad, una realidad que se debe enfrentar y que no se puede simplemente ignorar. Se necesita fomentar día a día valores que favorezcan la convivencia armónica de la sociedad, sin esperar que esto venga cimentado de la familia, porque como bien ha mencionado, tenemos mil problemas en el núcleo familiar que ya no lo permite. Los educadores deben buscar que los alumnos usen también la tecnología para acercar a otras personas lejanas sin tener que aislarse de las que viven cerca de ellos; alumnos inteligentes que usen las tecnologías en su desarrollo y no en su destrucción.
ResponderBorrarSólo agrego a tu comentario que es importante que los educadores nos dejemos interpelar por esta realidad y busquemos formas de intervenir con pertinencia para fomentar que los núcleos familiares, sea cual sea su estructura sean más funcionales para la formación de las nuevas generaciones.
BorrarGloria Socorro.
ResponderBorrarFelicidades por tu excelente trabajo, al leerlo parece que te contemplo pues va con tu personalidad, lo que en realidad te esfuerzas y logras en tu trabajo lo expresas maravillosamente.
Quiero decirte algo que en realidad me inquieta. Estoy totalmente de acuerdo con la teoría constructivista, hay que lograr que el alumno sea el generador de su aprendizaje, están muy buenos los 4 pilares de la educación en la reforma educativa que ya tiene sus añitos, me parece necesario que los maestros luchen por superarse, que los padres de familia se involucren en la educación, todo esto me parece muy pero muy bueno, lo que me inquieta es que hasta la fecha no hemos encontrado la receta propia para solucionar los problemas del adolescente que pienso en todos los países son los mismos pero en nuestro México como que llevamos la delantera, ¿Cómo lograr que un adolescente deje la apatía y? ¿Cómo hacer para que el adolescente logre un sano equilibrio en el manejo de la tecnología?, ¿Cómo lograr que los alumnos practiquen hábitos de limpieza, orden y disciplina? Gloria, yo sé que la mejor medicina para un educador es el amor pero jamás estará de más que tú que tienes vastos conocimientos y muy buena práctica magisterial nos ilumines.